Introducción Cuando recién empezás a liderar un equipo, es lógico que quieras entender cómo deberías actuar frente a personas diferentes. ¿Cuánto tenés que dirigir? ¿Cuándo conviene acompañar más? ¿En qué momento podés dar mayor autonomía? El problema aparece cuando buscamos una única respuesta y tratamos de aplicarla a todos por igual. Una persona puede necesitar mucha orientación para una tarea nueva y bastante autonomía para otra que domina. Incluso el mismo colaborador puede requerir cosas diferentes de vos a medida que aprende, gana experiencia, pierde confianza o cambia la situación. Por eso, la pregunta deja de ser solamente: “¿Cuál es mi estilo de liderazgo?” Y empieza a aparecer otra que resulta mucho más útil: “¿Qué necesita esta persona de mí para poder avanzar en esta tarea?” Ese cambio de mirada es el punto de partida. No se trata de clasificar definitivamente a nadie, sino de contar con criterios para observar mejor y ajustar tu intervención cuando la situación cambia. 6
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