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M4: no existe un “M5” Hay una idea especialmente útil cuando pensamos el crecimiento: no existe un M5. Una persona puede ser M4 en una tarea y, frente a una responsabilidad nueva, volver a entrar en otro ciclo de aprendizaje. Puede dominar un proceso y ser principiante cuando empieza a enseñar a otros. Puede tener autonomía técnica y necesitar acompañamiento cuando asume coordinación. Puede ser referente en su especialidad y volver a necesitar dirección en un proyecto que nunca lideró. Ese movimiento evita que los niveles se conviertan en una escalera rígida. También nos recuerda algo importante: dar desafíos no es simplemente dar más trabajo. Si cargamos a la persona porque sabemos que responde, podemos convertir el reconocimiento en sobrecarga. Un buen desafío amplía criterio, experiencia, influencia, autonomía o responsabilidad. Y cuidado con otro riesgo: cuanto más útil se vuelve alguien como “mano derecha”, más tentador puede ser mantenerlo exactamente ahí. El líder puede convertirse sin querer en el techo de la persona. Desarrollar un M4 implica darle espacio para seguir creciendo, aunque ese crecimiento cambie el lugar que hoy ocupa dentro del equipo. 33

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