INTRODUCCIÓN Motivar un equipo no es dar un discurso, repartir premios ni esperar que todos reaccionen igual. Dos personas pueden tener el mismo puesto, una capacidad parecida y un objetivo compartido y, aun así, moverse por razones completamente distintas. Ahí empieza el desafío: dejar de mirar sólo la conducta y empezar a preguntarnos qué la está impulsando. A lo largo de este recorrido vas a diferenciar motivación intrínseca y extrínseca, entender qué puede hacer un incentivo, revisar expectativa, confianza y valor, mirar necesidades, dinero, logro, poder y afiliación, y reconocer el papel de la autonomía, la competencia y la relación. La intención no es entregarte una fórmula universal. Es darte mejores preguntas. Cuando un colaborador cambia su nivel de energía o de compromiso, el liderazgo gana precisión si primero observa, después conversa y recién entonces decide cómo intervenir. Motivar no es empujar más fuerte: es comprender mejor qué mueve a quien tenés delante. 7
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