PASO 9 — Manejar resistencias, desacuerdos y emociones 2. Desacuerdo, enojo, silencio o vergüenza Dos personas pueden mirar una misma situación y llegar a conclusiones diferentes. El desacuerdo no obliga a elegir inmediatamente quién “gana”. Podés distinguir entre aquello que puede verificarse y aquello que pertenece a interpretaciones distintas. Esa separación baja la temperatura sin esconder el conflicto. Cuando aparece enojo, silencio, vergüenza o contraataque, seguir explicando más fuerte rara vez ayuda. A veces conviene nombrar lo que está ocurriendo sin diagnosticar: “veo que esta conversación se volvió tensa” o “noto que te quedaste en silencio; ¿querés decirme qué te está pasando con lo que estamos hablando?”. El líder no necesita convertirse en terapeuta ni interpretar estados internos. Su tarea es cuidar el marco laboral, sostener respeto, escuchar información relevante y reconocer cuándo la intensidad impide continuar de manera productiva. Una emoción puede formar parte de la conversación sin convertirse en el enemigo de la conversación. Lo importante es no usarla para justificar agresión, humillación o presión indebida.
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