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CIERRE A mis alumnos y coachees, con todo mi cariño Aprender a delegar suele empezar con una dificultad concreta: darte cuenta de que ya no podés seguir haciendo todo vos y, sin embargo, descubrir que saberlo no alcanza. A veces cuesta soltar porque queremos asegurarnos de que las cosas salgan bien. Otras veces entregamos una tarea, pero seguimos tomando todas las decisiones. Y también puede pasar lo contrario: transferimos demasiado rápido una responsabilidad para la cual la otra persona todavía necesita preparación. Este recorrido está dedicado a quienes están aprendiendo a distinguir qué conviene asignar, qué está escalando y qué están verdaderamente preparados para delegar. A quienes quieren confiar más sin desentenderse, acompañar sin controlar y desarrollar autonomía sin abandonar a la persona en el camino. Delegar también nos obliga a revisar nuestro propio liderazgo, dado que muchas veces el desafío no está solamente en lo que el otro puede asumir, sino en aquello que nosotros estamos dispuestos a dejar de controlar. 28

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